martes, enero 30, 2007

El sujeto político

Por Shirley Orozco Ramírez

Es importante visibilizar cómo durante los últimos años, más específicamente a partir del 2000, en el campo político y en la vida política boliviana va surgiendo, configurando y articulándose el sujeto político en el ámbito no estatal, claro acompañado o resultado de procesos de polítización muy fuertes en la sociedad.

Sujetos políticos, que con el tiempo propician o provocan cambios y transformaciones muy importantes en el campo político y en el quehacer político, pero también logran tener mayor peso de decisión y definición en determinadas coyunturas.

Ahí está "la emergencia de los movimientos sociales", con formas organizativas comunales, vecinales, sindicales, etc., nuevos sentidos discursivos y diversas tácticas de lucha –cercos, bloqueos, marchas–, que posibilitarán y darán inicio a un nuevo ciclo insurreccional en Bolivia, las "guerras de los recursos naturales". La masa organizada transformará radicalmente el escenario político y se convertirá en el principal actor del campo político, capaz de debilitar el sistema partidario, impulsar una crisis de representación de los partidos tradicionales, modificar políticas públicas, determinar la caída del régimen gonista, erosionar el sistema de creencias dominantes sustentada en la fe al neoliberalismo y las virtudes de las privatizaciones y por último –y lo más significativo– marcará agendas políticas de cambio como la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, y creará y habilitará un espacio de disponibilidad social a ser llenado por otras creencias y liderazgos sociales.

Pero también está la configuración y polítización no sólo del sujeto político subalterno sino –últimamente– del sujeto dominante, o económicamente dominante. Conformado bajo formas cívicas, organizaciones juveniles de choque y otros, y con acciones políticas extrainstituciones concretas como cabildos, huelgas y acciones colectivas callejeras de choque. A un tiempo atrás, por ejemplo, era impensable ver a este sujeto político, participando en huelgas de hambre a la manera sindical o en las calles defendiendo su causa con bates de beisbol, palos de golf o armas de fuego. Pero, además, capaces también de incidir en el campo político, en el estancamiento del proceso asambleístico, en propiciar una inestabilidad política institucional y otros.

Por ello y otros hechos sociales, es notable cómo el ámbito no estatal va adquiriendo cierta centralidad política, ya que en esta coyuntura, por ejemplo, es impensable una salida política desde el plano institucional o fuera de él, sin la participación de estos sujetos.

miércoles, enero 24, 2007

Cívicos de Montero se atribuyen capacidad de juzgar un mural del maestro Lorgio Vaca. Años de trabajo fueron destruidos

Destruyeron en Montero mural de Lorgio Vaca

por René Antezana Juárez*

Los artistas no escapan a la emergencia de los odios, el racismo, la intolerancia, la negación del otro, y en algunos casos por el sólo hecho de manejar símbolos con una visión de país mas bien incluyente. Es el caso del ya reconocido artista cruceño, Lorgio Vaca, que censurado en Montero por su mural que contiene, entre otros, una whipala y la figura del Che —como si no fueran parte de Bolivia como nación con una memoria muchas veces dolorosa— debe resignarse a que su mural sea retirado de la plaza principal de Montero.

Pronto esta censura nos recuerda de a poco a los radicalismos fascistas y también comunistas en la Europa de la pre-guerra donde se quemaban bibliotecas enteras, libros "peligrosos", pinturas y obras de arte "comunistas" y/o "contrarevolucionarias". Pero no paró ahí la cosa, los intelectuales comenzaron a ser perseguidos, encarcelados y hasta asesinados; mutilándose así la labor de muchos artistas para siempre. Y también nos recuerda a la era Mc Carthy en los años 40 y 50 en los Estados Unidos; era en la que célebres intelectuales y artistas fueron perseguidos, calumniados, sometidos a humillantes juicios públicos entre los cuales se encontraba Charles Chaplin, para citar un solo ejemplo.

¿Desde cuándo los cívicos, cuya función es velar por los derechos ciudadanos y de la colectividad a la que representan, son censores públicos y tienen el derecho de juzgar una obra de arte, y, además, condenarla? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué, si hay rechazo en parte de su población —seguro no son todos—, no asumen mas bien un rol de concertación, de diálogo, de educación, de información?

Y al punto: Lorgio Vaca es, a no dudarlo, uno de los más importantes artistas del país. Cruceño de nacimiento, Lorgio le ha dado a Santa Cruz desde su arte un puente entre su memoria y la modernidad, ha contribuido a la construcción de la identidad cruceña, pero nunca ha abandonado su visión de país; es un
artista -como muchos otros- que está por encima de los radicalismos, los odios, las posturas que promueven la negación del otro boliviano, por su origen, su color, su economía, su manera de pensar, su posicionamiento político o lo que fuera. Pese a ello, cuando los cívicos deben valorar mas bien este aporte pacífico y creativo a su región y al país, actúan como la Santa Inquisición del siglo XV: mandan al cadalso una obra de arte y, más que eso, a la libertad de expresión que todo artista y todo ser humano tiene como derecho inalienable; en una sociedad que suponemos defiende y es promotora de los derechos humanos y va en busca de una mayor igualdad, equidad , respeto y tolerancia.

La actitud de estos censores que se respalda en un rechazo de una parte de la población traduce una mentalidad medieval lamentable; los artistas, más allá de posiciones políticas o convicciones ideológicas, debemos aunarnos para que estos actos que son una forma de violencia, no se repitan ni se conviertan en moneda corriente, ya en lugares públicos y abiertos o en publicaciones, entregas de libros, exposiciones, festivales y otros. Es tiempo de abrir mentes, no de encerrarlas ni condenarlas.

Nuestra solidaridad con Lorgio Vaca.

*El autor es escritor y poeta, dirige la Fundación Agora.
fundacionagora@yahoo.com


Usaron martillo y cincel para destruir la obra del muralista

"A la cara, a la cara", coreaba enardecido medio centenar de personas a un hombre que con un martillo y un cincel removía la imagen del Che Guevara de uno de los murales realizado a pedido del municipio de Montero a Lorgio Vaca, y cuya inauguración está prevista para el próximo 15 de febrero. Aunque en un comienzo el hombre del martillo se mostró dubitativo, los gritos de su público le dieron fuerza para terminar a golpes con la figura del emblemático guerrillero y con la wiphala que lo acompañaba. Esta escena marcó el aparente fin de una controversia desatada el miércoles en el municipio norteño, cuando el último de los cuatro murales de Vaca fue destapado por los albañiles que pegaban las cerámicas. Aunque el pueblo esperaba que la polémica se resolviera en la sesión de ayer del Concejo, algunos ciudadanos, en su mayoría jóvenes, prefirieron obviar la resolución del ente deliberante para modificar la pieza. Y es que según algunos montereños, ambas figuras representaban una ofensa para el pueblo. Tal es el caso del presidente del Comité Cívico, Bernardo Cuéllar, quien hizo llegar una carta al Concejo para exigir la inmediata remoción de los íconos en cuestión. Incluso, la tarde del miércoles, el Comité que él preside dio un plazo de 24 horas para que se removieran ambas figuras.


Carta del artista censurado

"El Arte son las huellas que dejan los pueblos"

Señor:
Ing. Bernardo Cuéllar
Presidente del Comité Civico de Montero

Distinguido amigo:
Esta mañana tuve el honor de recibir su llamada telefónica en la que me comunicaba su inquietud por algunas opiniones adversas a uno de los detalles del Conjunto Mural "Celebración de Montero", que hemos elaborado durante los últimos siete años y que inauguraremos en breve.

Atendiendo a su preocupación y agradeciéndole la oportunidad que me brinda de desarrollar algunos razonamientos útiles a las culturas humanas y su desarrollo, me parece pertinente hacer públicas algunas reflexiones:

Los pueblos nos han dejado huellas voluntarias de sus vidas, que ahora llamamos Cultura y Arte. Estas Culturas y estas muestras de Arte, nos permiten darnos una idea de la vida de nuestros antepasados, que siempre nos es últil a la hora de trazar nuestras aspiraciones futuras.

Nuestro Gabriel René Moreno, por ejemplo (que es una de las figuras representadas en uno de los murales) nos insta a conservar todos los documentos, incluidos los periódicos de la época, con su carga de pasión política pasajera. La Historia se encargará de dar a esos hechos pasajeros su verdadera trascendencia. Lo que nos aconseja nuestro Príncipe
de las Letras es no privar a nuestros descendientes de los documentos necesarios para el juicio del futuro.

En ese sentido, los personajes a que aludimos en los murales serán juzgados por el futuro en su actuación humana y seremos juzgados nosotros de acuerdo con nuestra capacidad de expresar fielmente esta vida con sus conflictos y contradicciones y por la esperanza y la fe que ponemos en esta actividad comunicativa quienes que nos ocupamos de dejar estos testimonios.

Es por estas razones que los hombres han instituido hace tiempo el principio de la libertad de expresión en la vida y la libertad de creación en el Arte. Principios que nos toca respetar y defender a toda costa porque significan nuestro derecho a la libertad y a la cultura.

Le agradezco nuevamente el haberme dado la oportunidad de hacer estos comentarios.

Su afectuoso amigo:

Lorgio Vaca

Santa Cruz, 17 de Enero de 2007

jueves, enero 18, 2007

BOLIVIA: EL CABILDO DE COCHABAMBA: "LA IGNORANCIA NO HABÍA ESTADO EN EL CAMPO,HABÍA ESTADO EN LA CIUDAD"

Por Rafael Bautista S.

La sentencia fue unánime. Los siempre acusados de ignorancia (los indios) mostraron dónde realmente está arraigada esa tamaña ignorancia (que es capaz de hacer lo único que sabe: golpear hasta matar). La ciudad siempre había renegado del campo, cuando fue siempre, el campo, el proveedor de las necesidades de la ciudad. En otros términos: el racista, odio "educado" de la ciudad, mostró que ese odio disimulado no suele siempre disimularse. Tal "educación" no puede frenar sus propios impulsos porque, en definitiva, no es una educación que forma, sinoque deforma. Esa deformación se autentifica en lo que vimos: citadinos fanáticos dispuestos a "limpiar su ciudad de indeseables" (manifiesto de la Nación Camba, ahora esgrimida por una "juventud cochabambina", remedo de la fascista "juventud cruceñista"); racismo alimentado por los mass media, que no se ahorran de medios para incendiar más a este país, avalando la violencia de los fascistas como "acto democrático", mientras satanizan el uso legítimo de la defensa como "violación de la democracia". Trastornando de este modo la opinión pública y privarla de todo criterio para poder evaluar lo que muestran las imágenes. Sino hay criterios éticos, toda violencia aparece como la misma, tanto del que agrede como del que se defiende; de este modo, verdugo y víctima aparecen medidos con la misma vara. Por eso el cinismo de los mass media presenta a corruptos y delincuentes (de la derecha que gobernó y rifó a este país) como los "abanderados de la democracia", mientras la indignación del pueblo la muestran como la imagen que nos hacen creer: turba delincuencial de cocaleros narcotraficantes (puro agravio y desprecio, terrorismo verbal). Esa imagen no sólo "vale más que mil palabras", vale más que todas las vidas y la humanidad y la dignidad de todo un pueblo.

La imagen es el símbolo de la cultura de la ciudad, es decir, el ciudadano ve lo que la imagen le muestra; pero la imagen nunca es neutra sino que está cargada de símbolos y valores, cuyos contenidos previos han sido ya deformados por la educación formal (y ahora por la televisión, que es la que deforma la opinión pública). La imagen genera un culto a la estética (siempre en desmedro de toda ética) que se disemina en la sociedad como un egotismo funcional al mercado: la gente se ofrece como mercancía, como cosa atractiva, haciendo de la convivencia humana un asunto de transacción mercantil, donde el beneficio privado se manifiesta en la obtención de más cosas; el ser humano se subordina a la cosa y es esta la que da razón de su existencia: la obtención de más cosas; siendo la más preciada de todas el dinero: donde importa el dinero ya no importa la gente. Es el fenómeno de la globalización: la subordinación de los pueblos al dinero mundial, al capital. Es una subordinación religiosa, cuyos templos se llaman Bancos y cuyas plegarias se expresan en cifras, cuya religión, que la profesan los "educados" por el capital, es ahora el neoliberalismo. Este asume su expansión como una nueva cruzada religiosa, donde debe eliminar a los enemigos de su Dios: los que se oponen a esa expansión, los que no hacen mercado, los que sobran, los excluidos, los pobres, los indios. En los países ricos estos enemigos están afuera y se construye muros para evitar su presencia; mientras que en los países pobres el enemigo es interno y hay que "limpiar" estos fantasmas que recorren las ciudades. Son una presencia fantasmagórica porque los mass media se encargan de satanizarlos: son turba violenta, irracional, delincuentes adoctrinados, etc.; o sea, son siempre lo que hay que eliminar, porque son indios, son el "eje del mal", los enemigos de la civilización; o sea, si cometes violencia contra ellos no es violencia, es mas bien un "acto heroico". Los "héroes" de la globalización son los que limpian de "indeseables" su expansión. Y los mass media les preparan, hasta con humor (cuando un prejuicio es peligroso, los chistes son letales; así opera el racismo de la comedia mediática boliviana), deformando a una juventud adicta ala violencia (la pulsión de muerte que explota la estética posmoderna), dirigiendo su descontento y su pasividad en una explosión de odio, despertando el racismo centenario que prescribe su subconsciente a la hora del insulto: "indio de mierda".

Pero es el indio quien alimenta con su trabajo a la ciudad, es el indio quien cuida sus propiedades, quien limpia sus casas, quien cría a sus hijos, es el indio el que pone su pecho contra el dictador, el que va a defender a la patria siempre mal agradecida, el que en definitiva lucha por todos. Y es sobre quien descarga nuestra oligarquía atrasada y subdesarrollada sus taras: la flojera, la delincuencia, la mendicidad y la ignorancia son la cultura del que increpa estas lacras a sus subalternos; depositando en otro sus taras se cree liberado de ellas pero, como aquello sigue presente en su subconsciente, el otro le devuelve su propia imagen, como en un espejo, donde se retrata su propia mísera idiosincrasia. Por eso desata sobre el indio el odio que siente por sí mismo; más aún si este le recuerda su origen (odio redoblado que manifiesta el mestizo). Por eso necesita sentirse superior (porque sabe en el fondo que no lo es) y demostrarlo, por eso acude a la fuerza, porque es lo único que posee y lo único que alardea. Por eso sale a "defender la (su) paz" conbates de béisbol y palos de golf, con pistolas y granadas ("ejemplar"modo que muestra en qué consiste su "pacifismo"); el que se asume"culto" y "civilizado" no sabe otra cosa sino insultar y apalear. Esa ignorancia fue la que salió a embestir a un pueblo que, como de costumbre, lucha incluso por aquellos que le desprecian. La arrogancia de la ciudad manifestó su racismo crónico y lo expuso su tan glorificada (por los mass media) "clase media". Quienes se autodenominan "defensores de la paz y la democracia" demostraron que esa defensa es, en realidad, violencia insensata del racismo citadino; de aquellos que se atribuyen para sí el ejercicio de la política de modo intolerante y racista: "la política es cosa de hombres" dicen los machos caporales que piensan con el látigo, "no es cosa de indios".Carcomidos por el mito de la superioridad, no saben sino exponer esa supuesta superioridad como atropello: "cualquier oposición la aplastamos" (declaración de Herr-man Antelo, cínico de Santa Cruz, ante la convocatoria de un cabildo popular en Santa Cruz); porque su magro entendimiento sólo concibe su supuesta superioridad como atropello violento ante una también supuesta inferioridad.

Sólo hay una raza inferior, decía Marti, la de aquellos que se consideran superiores. Es el producto de la ciudad colonial que todavía soportamos, la ciudad que sólo ve su ombligo y piensa que el mundo es ella, es la que desprecia al campo como el hijo que desprecia a la madre. La ignorancia proviene de ella, porque nació mirando para afuera, admirando lo de afuera, aspirando ser como afuera. Despreciando lo de adentro se desprecia a sí misma; blanqueando inútilmente su cultura (cuyo origen es el campo) no logra otra cosa sino privarla de su autenticidad, despojarle del alimento nutricional que hace a su desarrollo y convertirla en otro objeto, sin vida y sin historia, una mercancía que se presente "familiar" al apetito de afuera. Porque al dirigir su atención exclusivamente hacia fuera ella misma se anula todo sentido posible y vive exclusivamente sirviendo a los sentidos que se le impone desde afuera. Vive para complacer al dinero mundial, porque está hecha a su imagen y semejanza.
Por eso los Bancos están en su centro. El santuario en el cual depositan sus ofrendas para agradar el apetito de su Dios: la transferencia sistemática de "valor" (robo de riqueza) de los países pobres a los ricos. En las ciudades se media esta transferencia y es el lugar donde (vía mass media) se santifica esta práctica (por eso, con lenguaje cuasi litúrgico, señalan cada día las alzas y las bajas de la bolsa de valores, el valor de la moneda mundial, las inyecciones de inversión, etc.), identificando el "estar bien" cuando se inflan las cifras, es decir, "estamos bien" cuando el capital, la cosa, "está bien", aunque estemos mal, muriéndonos en la miseria; si el capital está rechoncho entonces no hay de qué quejarse. Esa es la "paz de los impíos", los que "tranquilos constantemente aumentan sus fortunas"(salmo 73, 12), mientras el pueblo se muere en la miseria, "por eso el pueblo se vuelve contra ellos" (salmo 73, 10). Así llaman violencia al clamor de justicia del pueblo y entonces se movilizan a defender su paz, es decir, su paz es la tranquila reproducción de la injusticia a la cual sirven: "Como quien inmola al hijo a la vista de sus padres, así el que ofrece sacrificios de lo robado a los pobres. Su escasez es la vida de los indigentes y quien se la quita es un asesino. Mata al prójimo quien le priva de la subsistencia. Y derrama sangre quien retiene el salario del obrero" (Eclesiástico 34, 21-27). Por eso prorrumpen en sandeces como esta: "Bolivia enfrentada"; "Bolivia ya no vive en armonía"; o sea, vivíamos en el paraíso, o sea, nunca hubo violencia, o sea, no existió dictadura, masacres, persecuciones, no hubo guerra del agua, del gas, etc. ¿En qué país vivían los mass media, que pronuncian tal insensatez?

La ignorancia había pues estado en la ciudad y emana ahora de los massmedia. Es la ignorancia de aquel que no sabe reconocer su deuda con sus semejantes; es la ignorancia del soberbio, que no sabe agradecer, porque se cree autosuficiente y escupe su desprecio al pueblo y al cielo; es el odio irracional del racismo citadino, que no soporta que le gobierne un indio, que vengan a "su" ciudad a perturbar "su" paz. El racismo presente en un prefecto, como Manfred (y como los fascistas medialuneros), que prefiere separarse a ser parte de un gobierno de indios; que confundió su labor puramente administrativa (y subordinada al gobierno central) con la provocación política abierta de quien se cree rey en su feudo, que confunde la delegación que le hizo su pueblo con la potestad de hacer lo que le de la gana, que desconoce la democracia y pretende una plutocracia, que se burla de la voluntad popular y apuesta por la tiranía. Si los límites de una persona están en los límites de su lenguaje, los límites de los prefectos secesionistas son mas bien exiguos, por eso su continua provocación, su tozudez colonial, su ignara y cándida facilidad con la que hablan sobre la democracia. La ignorancia es atrevida, más aún cuando esta se magnifica en las pantallas de televisión.

La maledicencia contra el gobierno y contra el pueblo (esta identificación muestra de qué lado se encuentran) es el pan de cada día de los mass media, y actúa como una maldición; porque el afectado no es sólo el que la propaga, o el imprecado, sino también el que presta atención a ella (este es el posible propagador del odio que anima al que maldice). Por eso una población citadina acomodada (o acomodaticia) es la primera interpelada por la furibunda rabiamediática, porque esta vive pendiente y sujeta a la manipulación mediática (además de sujeta a los beneficios que rinde el abrir las puertas a los ladrones de afuera y de adentro). Ella hace eco del odio subliminal que teje el inconsciente citadino y que despierta cuando,sobre todo, la televisión enciende el interruptor que suele transformar a un "dulce angelito" en un "terminator". Es la insensata adversidad que debe sufrir un pueblo que se quiere liberar: la oposición de los suyos.

Cuando se menciona la dialéctica del amo y el esclavo, se olvida que esta describe bien a la sumisión de quienes calculan sus intereses y sacan provecho de aquella sumisión; en términos actuales, el esclavo no es aquí el pueblo, sino sus elites y la famosa clase media; estas son siempre las que apuestan por el sometimiento porque, de todos modos, suelen siempre sostenerse en este, aunque indignamente, porque siempre se sostienen sobre el pueblo, quien es, en definitiva, el que soporta el peso real del sometimiento nacional. La defensa ridícula e histriónica que protagoniza la clase media de su "posición social" la realiza siempre a costa de los que padecen la exclusión paulatina de todo beneficio posible; por eso no es raro encontrar en la historia que los tiranos siempre cuentan con el apoyo de estos sectores (como Franco, Hitler, Pinochet, Banzer y ahora los prefectos medialuneros). La clase media no forma parte del pueblo por filiación automática sino por opción política e histórica.
Pueblo es el bloque histórico de los oprimidos. No es una multitud ni un congregado societal. Es el todo complejo de los excluidos que se reúnen alrededor de una vanguardia que, históricamente, es la que señala un nuevo sentido y un nuevo destino. Ahora son las naciones indígenas. Son las que muestran una alternativa al callejón sin salida que impone el proyecto moderno: El despilfarro de los países ricosestá no sólo pauperizando al 80% de la población del planeta; lo más grave es que está dañando seriamente la capacidad reproductiva de la tierra. Por eso, desde los noventas, los pueblos indígenas, reclaman una nueva constitución, porque necesitamos reestructurar todo de nuevo, porque una nación que beneficie a todos necesita reordenar sus fundamentos. Por eso, los verdaderos realistas son ellos: una economía centrada exclusivamente en la maximización de las ganancias no es sostenible en el largo plazo. Esa es la economía que se nos impuso desde la conquista y es la que adoptaron nuestras elites con la republica, y el resultado empírico es que somos una de las naciones más pobres del planeta (siendo poseedores de una riqueza natural envidiable). Sólo los más afectados de aquella pobreza son capaces de vislumbrar una esperanza y son los que históricamente hacen posible la re-evolución de la vida. Ellos son los verdaderos nunca incluidos y los que tienen la autoridad moral y ética para cambiar verdaderamente las cosas, porque hablan desde la exclusión y el padecimiento de todo el peso del sometimiento nacional. La clase media es siempre acomodaticia y cuando estima entrar en el asunto siempre, como decimos coloquialmente, cría cuervos... No otra cosa resultó la derivación de octubre (la guerra del gas, la insurrección del pueblo soberano), vía clase media, en uno de los gobiernos más vergonzosos e insultantes que haya tenido nuestra historia, en aquella nueva subordinación vergonzosa del aprendiz de brujo Carlos Mesa a la nueva derecha fascista y racista que apareció en Santa Cruz (que es donde se aglutinan los separatistas y chantajean a un país con inventadas confrontaciones: oriente versus occidente), que es a donde escapó el prefecto de Cochabamba.

Pero lo mejor de la clase media no carga esa condena como una fatalidad, su destino se define por el proyecto que abrace, al cual subordina su presente en pos de un futuro más justo, para redimir también su pasado. Por eso la humanidad de cada uno se define no por la devoción entre iguales sino por el acto de justicia para con aquel que no es nuestro igual, el prójimo. Por eso es bueno recordar a San Basilio: "Pertenece a los que tienen hambre el pan que guardas, a los desnudos el manto que conservas en los cofres, al descalzo los zapatos que se pudren en la despensa, al pobre el dinero que atesoras. Cometes tanta injusticia como personas hay a quienes deberías ayudar". Por eso la política no es un acto cualquiera (alterada y corrompida por las oligarquías), es siempre un servicio consagrado a los necesitados, una vocación, porque responde al clamor del pueblo: "He escuchado el clamor de Mi pueblo y vi la crueldad con que los oprimen, por lo tanto ponte en camino, pues te enviaré…" (Éxodo 3, 9-10), le dice El Señor a un pastor acomodado y próspero, como era Moisés. Es, en suma, un acto espiritual. Porque las necesidades materiales de mi prójimo son necesidades espirituales para mí.

La Paz, Bolivia, Enero de 2007

Rafael Bautista S.
Autor de "OCTUBRE: EL LADO OSCURO DE LA LUNA"
Editorial "Tercera Piel", La Paz, Bolivia
rafaelcorso@yahoo.com