El sujeto político
Por Shirley Orozco Ramírez
Es importante visibilizar cómo durante los últimos años, más específicamente a partir del 2000, en el campo político y en la vida política boliviana va surgiendo, configurando y articulándose el sujeto político en el ámbito no estatal, claro acompañado o resultado de procesos de polítización muy fuertes en la sociedad.
Sujetos políticos, que con el tiempo propician o provocan cambios y transformaciones muy importantes en el campo político y en el quehacer político, pero también logran tener mayor peso de decisión y definición en determinadas coyunturas.
Ahí está "la emergencia de los movimientos sociales", con formas organizativas comunales, vecinales, sindicales, etc., nuevos sentidos discursivos y diversas tácticas de lucha –cercos, bloqueos, marchas–, que posibilitarán y darán inicio a un nuevo ciclo insurreccional en Bolivia, las "guerras de los recursos naturales". La masa organizada transformará radicalmente el escenario político y se convertirá en el principal actor del campo político, capaz de debilitar el sistema partidario, impulsar una crisis de representación de los partidos tradicionales, modificar políticas públicas, determinar la caída del régimen gonista, erosionar el sistema de creencias dominantes sustentada en la fe al neoliberalismo y las virtudes de las privatizaciones y por último –y lo más significativo– marcará agendas políticas de cambio como la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, y creará y habilitará un espacio de disponibilidad social a ser llenado por otras creencias y liderazgos sociales.
Pero también está la configuración y polítización no sólo del sujeto político subalterno sino –últimamente– del sujeto dominante, o económicamente dominante. Conformado bajo formas cívicas, organizaciones juveniles de choque y otros, y con acciones políticas extrainstituciones concretas como cabildos, huelgas y acciones colectivas callejeras de choque. A un tiempo atrás, por ejemplo, era impensable ver a este sujeto político, participando en huelgas de hambre a la manera sindical o en las calles defendiendo su causa con bates de beisbol, palos de golf o armas de fuego. Pero, además, capaces también de incidir en el campo político, en el estancamiento del proceso asambleístico, en propiciar una inestabilidad política institucional y otros.
Por ello y otros hechos sociales, es notable cómo el ámbito no estatal va adquiriendo cierta centralidad política, ya que en esta coyuntura, por ejemplo, es impensable una salida política desde el plano institucional o fuera de él, sin la participación de estos sujetos.
Es importante visibilizar cómo durante los últimos años, más específicamente a partir del 2000, en el campo político y en la vida política boliviana va surgiendo, configurando y articulándose el sujeto político en el ámbito no estatal, claro acompañado o resultado de procesos de polítización muy fuertes en la sociedad.
Sujetos políticos, que con el tiempo propician o provocan cambios y transformaciones muy importantes en el campo político y en el quehacer político, pero también logran tener mayor peso de decisión y definición en determinadas coyunturas.
Ahí está "la emergencia de los movimientos sociales", con formas organizativas comunales, vecinales, sindicales, etc., nuevos sentidos discursivos y diversas tácticas de lucha –cercos, bloqueos, marchas–, que posibilitarán y darán inicio a un nuevo ciclo insurreccional en Bolivia, las "guerras de los recursos naturales". La masa organizada transformará radicalmente el escenario político y se convertirá en el principal actor del campo político, capaz de debilitar el sistema partidario, impulsar una crisis de representación de los partidos tradicionales, modificar políticas públicas, determinar la caída del régimen gonista, erosionar el sistema de creencias dominantes sustentada en la fe al neoliberalismo y las virtudes de las privatizaciones y por último –y lo más significativo– marcará agendas políticas de cambio como la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente, y creará y habilitará un espacio de disponibilidad social a ser llenado por otras creencias y liderazgos sociales.
Pero también está la configuración y polítización no sólo del sujeto político subalterno sino –últimamente– del sujeto dominante, o económicamente dominante. Conformado bajo formas cívicas, organizaciones juveniles de choque y otros, y con acciones políticas extrainstituciones concretas como cabildos, huelgas y acciones colectivas callejeras de choque. A un tiempo atrás, por ejemplo, era impensable ver a este sujeto político, participando en huelgas de hambre a la manera sindical o en las calles defendiendo su causa con bates de beisbol, palos de golf o armas de fuego. Pero, además, capaces también de incidir en el campo político, en el estancamiento del proceso asambleístico, en propiciar una inestabilidad política institucional y otros.
Por ello y otros hechos sociales, es notable cómo el ámbito no estatal va adquiriendo cierta centralidad política, ya que en esta coyuntura, por ejemplo, es impensable una salida política desde el plano institucional o fuera de él, sin la participación de estos sujetos.


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