jueves, octubre 12, 2006

Octubre: El lado oscuro de la luna

por Luis Tapia*


El libro “Octubre: El Lado Oscuro de la Luna”, es una obra multidimensional de quien, ahora, transita en la interpretación política y filosófica de un hecho histórico. Precisamente por la fuerza de los planteamientos que trae el libro, quisiera comentarlo valorando de manera selectiva dos ejes que nos presenta. Rene Zavaleta decía que los hechos históricos no dejan de existir hasta que son interpretados; y lo que tenemos en el libro de Rafael Bautista S., es una interpretación fuerte del gran hecho de octubre. Además, parafraseando a Zavaleta, creo que un gran hecho histórico no deja de existir hasta que produce de manera diferida en el tiempo los cambios que habría inspirado en términos de sentimientos, de ideas fuerza; aquello que estuvo en la producción del momento, es decir, aquello que hizo que la gente actuara para producir ese tipo de hecho histórico; y creo que la victoria electoral de fin de año forma parte de eso. Pero creo también que recién estamos en los inicios de un gran largo ciclo histórico, donde vamos a vivir y tener que seguir produciendo los resultados de lo que se condensó de manera muy fuerte en el hecho de octubre, sobre el cual reflexiona Rafael.

La metáfora de “el lado oscuro” tiene que ver, a mi parecer, básicamente con lo siguiente: hablar de “el lado oscuro” supone hablar de lo que no se ve pero que sin embargo produce lo que estamos viviendo; y contiene también lo que hemos producido históricamente y lo negamos: el colonialismo, el racismo y el conjunto de estructuras de desigualdad que se han instaurado a través de los siglos en la configuración del sistema-mundo (que es objeto de la crítica de Rafael, como de esta colección de la editorial “Tercera Piel”, que me parece apunta de manera muy aguda a las tareas intelectuales que tendríamos que enfrentar en estos días). Esta tarea es enfrentada a través de dos tipos de desarrollo de un pensamiento de reflexión que modifica un poco el modo usual con que hacemos crítica en Bolivia, incluso interpretación histórico-política. Una, es el hecho de que, por un lado, el hecho de octubre (un momento de gran concentración de procesos de varias acumulaciones, de fuerzas sectoriales pero también nacionales, que vemos en el hecho de la rapidez con la cual el conflicto transitó del campo a la ciudad, de El Alto a La Paz y de todos estos núcleos al conjunto del país) implica que estábamos experimentando un tiempo de gran condensación histórica, que también abren varias potencialidades y, como dice muy bien el libro, hace posible pensar en un nuevo alumbramiento (en términos de formas de organización y de pensamiento en el país). En este sentido, para pensar octubre es necesario recurrir a la historia, para poder interpretarlo, explicarlo y también proyectarlo.

Y uno de los ejes más fuertes del trabajo que realiza Rafael es justamente, explotando la coyuntura de octubre, pensar la historia de Bolivia. Y va articulando de manera muy selectiva y crítica los momentos y las formas en que surge la desigualdad de carácter colonial, racista y de origen moderno que se ha ido produciendo y reproduciendo en el país. Ese creo que es el lado más nuevo en este tipo de trabajo; recurriendo a una visión crítica de la historia mundial (algo que hicieron también Zavaleta y Almaraz), el trabajo de Rafael amplía el horizonte, porque está pensado el momento histórico especifico de octubre a partir de una historia de Bolivia, pensando Bolivia a partir de los procesos que configuraron el sistema-mundo, pero también diversas formas de vida social antes de la configuración de ese sistema-mundo. Por lo tanto hay una fuerte referencia a civilizaciones de otros continentes, la historia china, la India y otros lugares, y también a la historia del pueblo judío; de tal manera que tenemos una interpretación multidimensional, en el sentido de que se está pensando la especificidad de un hecho histórico, pero con una mirada abierta a la historia de la configuración de las grandes civilizaciones y del modo particular en que eso se condensa con la modernidad y el colonialismo en el continente y en los territorios que llamamos Bolivia desde no hace mucho. Este es creo uno de los ejes más fuertes y que nos permite, se puede decir, desprovincializar la mirada sobre la historia boliviana y latinoamericana.

La otra, que me parece todavía más novedosa (aunque ya va formando una especie de línea de pensamiento y tradición) es el hecho de pensar los hechos históricos y políticos a través de la reflexión filosófica; es decir, la filosofía no es pensar las cosas independientemente de la historia, sino precisamente en la historia, con la historia y como historia; y esto es algo que por lo general no hemos tenido en Bolivia: hacer crítica histórica, interpretación de los hechos históricos y políticos en términos de causas y de horizontes de posibilidad, que a su vez incorporen una reflexión sobre lo humano, reconociendo otras culturas en un mismo mundo. En este sentido creo que lo más interesante, la línea de pensamiento más fuerte en este trabajo, es esta articulación de reflexión filosófica, interpretación histórica a través del estilo literario del ensayo y una crítica histórico-política en términos de ese horizonte ampliado que había mencionado, que implica pensar el sistema-mundo y las civilizaciones precedentes, como puntos de interpretación y comprensión de lo que nos está pasando.

¿Qué implica hacer interpretación histórico-política también como pensamiento filosófico? Nos muestra que no existe lo humano en general, sino que existe organizado bajo formas históricas y culturales concretas; pero eso tampoco quiere decir tocar un límite insuperable, porque a partir de eso también se puede pensar dimensiones universales con sus limites y posibilidades, y justamente nos permite entender nuestras limitaciones usando la reflexión y la historia de otras culturas; en ese sentido lo transcultural nos permite también ampliar el conocimiento local. Creo que en esa línea va también este ensayo, es decir, contribuir al autoconocimiento a través de una crítica transcultural y, en particular, a partir de este otro punto que quisiera señalar (que no ha surgido en el pensamiento social en Bolivia y que tiene que ver con la crítica de la modernidad).
Por lo general, las ciencias sociales en Bolivia, durante la década de los ochenta y noventa en particular, se han desarrollado de manera preponderante en torno al eje de legitimar los cambios que el neoliberalismo estaba produciendo en Bolivia; porque estos estaban modernizando el país. Las ciencias sociales partían del prejuicio de que la modernización era lo bueno y que a partir de ese punto había que evaluar los hechos históricos; y en ese sentido el pensamiento social se volvió bastante normativo: si es moderno es bueno y si no lo es entonces habría que irlo sustituyendo, y el modo de sustituirlo era aceptar de manera unilateral lo que se conoce y se llama globalización (que implica desarmar las condiciones internas de autogobierno y aceptar que nos gobiernen y nos piensen desde afuera).

Este trabajo además contribuye a pensar lo local y lo mundial descentrando la modernidad, es decir, que el paradigma de lo moderno no sea nuestro centro de ubicación en el tiempo y en el espacio y, sobre todo, lo posible y deseable que podamos desear y hacer de aquí en adelante. En este sentido realiza un giro, porque la mayoría de las ciencias sociales trabaja bajo el prejuicio irreflexivo de la modernidad y esto tiene que ver básicamente con que, en su origen, las ciencias sociales son una forma de discurso moderno (que en algunos momentos se vuelve autocrítica, pero tiende a ser incapaz de rebasar su horizonte cultural y existencial). Y eso creo que (lo digo no de modo totalmente afirmativo) es más posible intentar desde al filosofía; por lo menos desde el marco categorial que nos está siendo propuesto en este “Lado Oscuro de la Luna”, de modo que, diría también, es un modo de pensar más allá de la modernidad.

Quisiera valorar dos cosas más en este trabajo. Se podría decir que la experiencia de octubre fue un gran momento de condensación, donde (y recurro otra vez a Zavaleta) se ampliaba nuestro horizonte de visibilidad, porque las cosas se juntaban y al juntarse ponían en crisis los modos parciales y dogmáticos de ver la realidad; y nos posibilitaban rearticular el pasado tanto en términos de las metodologías, de las tradiciones orales, como también del pensamiento crítico producido por los pensadores nacionales para pensar el momento que estábamos viviendo. El trabajo que hace en este caso Rafael, opera un poco del mismo modo: en torno al momento de octubre tiende a jalar, para explicarlo, como una especie de “agujero negro”, para que ahí colapsen o caigan ideas que vienen de la filosofía, de la literatura, las metáforas que para nombrar el libro vienen de la música y también de esas diferentes historias. Y en este sentido, creo que el libro de Rafael (para duplicar la metáfora), que se llama “Octubre: El Lado Oscuro de la Luna”, es también un “agujero negro”, es decir, donde las cosas tienden a ser absorbidas. Si lo leemos con calma, nos puede producir mayor luz interior y creo colectiva, en la medida en que nos permitan cambiar los modos dogmáticos de interpretar la historia del país y sobre todo sus posibilidades en términos de que sea posible otro alumbramiento.

* filósofo y politólogo boliviano.